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agosto 7, 2013 Publicado por Dominación Femenina en Dominación femenina

SOY UN SUMISO

Lo reconozco sin paliativos: Soy
 un sumiso.

Me pirra estar bajo las órdenes 
de una mujer de armas tomar, de
una auténtica y genuina "femme fatale".

Estar a plena disposición
 de una mujer,
 adorarla, servirla... no tiene
 comparación con ninguna otra cosa.

¿Existe 
mayor placer en este amargado mundo?.
 Una maravilla de la naturaleza hecha 
mujer y capacitada sobradamente 
para disponer de cualquier hombre representa 
la perfección absoluta,
 una obra de arte indiscutible.

La veneración a tal
"monumento" debería ser 
de obligado cumplimiento.

De hecho, ¿acaso no es
nuestra misión en este mundo
el ensalzar y rendir culto al cuerpo femenino?,
¿es que el hombre no ha 
nacido con la misión de adorar y servir a la mujer?,
¿en realidad, no son Ellas
las que mandan en definitiva?


Incluso, os planteo el retrato 
ideal de Ama:

(espectacular, arrebatadora, resplandeciente).
Qué maravilla ese
vestuario de cuero, esas escenas 
de acción, esa invencibilidad. Una heroína
 para caerse de espaldas, señores.

¿Qué os parece la 
súper-mujer vestida con corsé o sujetador negro, bragas 
negras, ligas, medias o pantys,
 zapatos de tacón o botas?

Sólo imaginarlo me
pone en el éxtasis absoluto.
¿No haríais casi cualquier cosa con tal de
estar a sus pies, adorándola
 con total entrega?

Es, sin lugar a dudas, impresionante 
esa imagen altiva de las mujeres 
dominantes, con esos puntiagudos 
tacones listos para chupar, que estilizan a
la mujer y que la colocan un palmo 
por encima del suelo terrenal.

Esos 
tacones ya denotan que están 
por encima de nosotros, los presuntos machitos 
de turno que se arrodillan ansiosos 
por ser utilizados para satisfacer sus
deseos erótico-sexuales.


En definitiva, considero que los tacones son una 
suerte de soporte indispensable 
para los fetichistas.

Sus maravillosos pies adoptan 
una forma arqueada cuando calzan 
tales zapatos y, entonces, es imposible 
reprimir el deseo de besar y lamer 
lentamente el empeine, los laterales, los 
talones...

Pero, ¿sabéis lo
que más me excita? Pues, su cara de satisfacción y 
diversión que adoptan nuestras 
Diosas cuando estamos sometidos a Ellas.
 Materializan su infinita superioridad.

Yo, que me siento sumiso, también
 soy fetichista 100\%. Es posible que ambas
 condiciones sean inseparables,
 que estén unidas necesariamente.

Comer 
bajo la mesa, al lado de sus pies o 
incluso, comer sobre sus pies.
- Ser montado o cabalgado. - Ser pisado con 
calzado o sin. En definitiva, fetichismo 
absoluto.

En ocasiones, me premia cogiendo
 parte de su comida y ofreciéndomela. La
 coge con su mano y me la da a la
boca. Yo, arrodillado, aprovecho para 
chupar los dedos de la mano de
 mi Ama.

No sé cómo agradecerle todo el tiempo 
en el que me siento feliz y contento.
 Su felicidad es mi alegría, al mismo
tiempo.

Son juegos fetichistas que me reportan 
un placer incomparable.


¿Qué conclusión
saco de todo esto? Pues que estoy convencido de que la 
dominación femenina/sumisión
 masculina no es una desviación, ni una 
perversión, ni una obsesión 
patológica.

Sencillamente, es una opción tan
 respetable como cualquier otra.



El erotismo y el sexo es una cuestión muy
 personal, donde tienen cabida distintas 
opciones, eligiendo cada uno la que
más le guste.


No hay que darle más vueltas ni buscarle posibles 
frustraciones sexuales ni complejos 
psicológicos.

Creo que debemos aceptar
todas las tendencias (dentro de
 un límite y de un orden lógico), sin buscar 
causas ni explicaciones a todo.


Tan sólo es cuestión de gustos, colegas.
 Haced, simplemente, lo que más
 os satisfaga.

A veces, he llegado a pensar que 
todos los hombres llevamos un sumiso 
dentro, porque... reitero que ¿quién
es capaz de no derretirse como un
 azucarillo ante un monumento femenino 
provisto de sus incontestables armas 
de seducción?.

Además, a estas alturas ¿alguien duda de que son Ellas y sólo
Ellas las que nos eligen?

Así
que, no lo dudéis, y apuntáos a una máxima de
 obligado cumplimiento: A los pies 
de Ella.

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